capítulos del veinticuatro al veintisiete

Capítulo vigésimo cuarto

 La historia de Cardenio que aparece inacabada en este capítulo es el segundo de los relatos intercalados de la obra. 

El relato de esta historia queda interrumpido porque Cardenio habla de la reina Madásima, personaje de Amadís de Gaula y don Quijote no puede evitar salir en su defensa. Este defiende con el mismo ardor a los personajes de los libros de caballerías que a las personas reales. 

En cuanto el Quijote oyó mencionar los libros de caballerías no pudo callar:

“–Con que me dijera vuestra merced, al principio de su historia, que su merced de la señora Luscinda era aficionada a libros de caballerías, no fuera menester otra exageración para darme a entender la alteza de su entendimiento; porque no le tuviera tan bueno como vos señor le habéis pintado, si careciera del gusto de tan sabrosa leyenda: Así que para conmigo, no es menester gastar más palabras en declararme su hermosura, valor y entendimiento; que, con sólo haber entendido su afición la confirmo por la más hermosa y más discreta mujer del mundo.”

Cardenio había advertido que si alguien interrumpía su relato el dejaría la historia en el lugar de dicha interrupción, como así será.

Además, Cardenio interviene de nuevo y dice: 

“ –No se me puede quitar del pensamiento ni habrá quien me lo quite en el mundo, ni quien me dé a entender otra cosa, y sería un majadero el que lo contrario entendiese o creyese sino que aquel ballaconazo del maestro Elisabat estaba amancebado con la reina Madásima.”

A esto don Quijote responde con cólera:

 “–Eso no, ¡voto tal! –respondió con mucha cólera don Quijote, y arrojóle, como tenía de costumbre–; y ésa es una muy gran malicia, o bellaquería, por mejor decir: La reina Madásima fue muy principal señora...”.

En este capítulo Cervantes hace una distinción entre el amor carnal o apetito erótico y el amor verdadero. El primero está encarnado por don Fernando, amigo de Cardenio y segundo hijo de un poderoso conde. Fernando es un hombre frívolo y mujeriego. Este seduce a una bella labradora prometiéndole casarse con ella y después de conseguirla huirá a casa de Cardenio para olvidar aquel capricho y poner tierra de por medio. 

Asimismo, Fernando le pide a Cardenio que le hable de Luscinda. Cardenio le cuenta sobre las cualidades de esta y sobre su hermosura, incluso le dejará verla. 

Cuando Fernando ve a aquella hermosa dama se encenderá su apetito carnal de nuevo. 

Cardenio notando este apetito en Fernando empezará a sentir celos de este.

Cardenio encarna el amor puro y sincero, que defiende por encima de todo a su dama y la respeta.

El relato quedará aquí interrumpido y no sólo interrumpido, sino que se monta una terrible trifulca en la que don Quijote, Sancho y el cabrero saldrán los tres malparados, al encenderse la locura de Cardenio.

Don Quijote comprende que esto ha sido un arrebato de locura y querrá encontrar a Cardenio para que le cuente el final de la historia.

La obra de don Quijote es una obra dinámica y fluida. A esto contribuyen los diálogos para esto Cervantes utiliza constantes encadenamientos entre pregunta y respuesta. La respuesta de don Quijote utiliza en sus primeras palabras los mismos términos que su interlocutor utiliza en su intervención anterior. Esto produce una sensación de fluidez. 

Además, al dinamismo de la obra contribuyen la acumulación de verbos. Vemos, también, que Cervantes utiliza un mismo verbo en distintos tiempos para enfatizar lo que se quiere decir:

“El Caballero del Bosque, que de tal manera oyó hablar al de la Triste Figura, no hacía sino mirarle, u remirarle, y tornarle a mirar de arriba abajo; y después que lo hubo bien mirado, le dijo...”

En este episodio vemos también que Cardenio utiliza la  misma razón que Sancho había utilizado anteriormente para interrumpir una narración. Este recurso le da a la obra una sensación de continuidad estructural.



Capítulo vigésimo quinto

En el título de este capítulo se hace mención a Beltenebros que es el nombre que adopta Amadís de Gaula durante su penitencia en la Peña del Pobre y que se lo puso aconsejado por el ermitaño que vivía allí. El significado de esta palabra es Bel Ténébreux que deriva del francés.

Este capítulo es un receso en la sucesión de aventuras de la obra y podríamos decir que casi hace una función de distribuidor de las mismas. En el aparecen alusiones a episodios pasados y anticipos a episodios futuros, aunque realmente el capítulo está centrado en la penitencia del caballero.

Don Quijote se dispone a hacer penitencia una costumbre muy frecuente entre los caballeros y que él tantas veces había leído en los libros de caballerías.

Asimismo, Sancho ruega a don Quijote que le levante el castigo de silencio que le había impuesto desde la aventura de los batanes. 

Aquí también comenzará el uso constante de refranes por parte de Sancho:

“Muchos piensan que hay tocinos y no hay siquiera las estacas de donde estos cuelgan.”

“Poner puertas al campo.”

“Digan, que de Dios dijeron.”

Don Quijote decide hacer penitencia en la Sierra impulsado por la actitud de Cardenio. En un principio duda si tomar la actitud de Roldán o de Amadís, decantándose finalmente por la de este último, con lo que queda mucho más definida la personalidad que él quiere adquirir.

Como nos dice Riquer, la penitencia en los caballeros era algo frecuente desde Li chevaliers au lion de Chrétien de Troyes de finales del siglo XII y Tristán de Leonís, Lisuarte de Grecia, el caballero del Febo y Rosicler entre otros.

Es verdad, que la inspiración más próxima es Cardenio con su penitencia pero no es menos cierto que toma como modelo a otros caballeros de la literatura que tomaron la misma actitud.

En una Lúcida conversación con Sancho, este se asombra de conocer la auténtica identidad de Dulcinea, Aldonza Lorenzo. Al revelar el nombre de su amada don Quijote la hace vulnerable y Sancho queda sorprendido de que esa dama fuera digna de la admiración y amor de don Quijote, pero este de una forma bastante cuerda reconoce que no le importa como es Dulcinea en realidad porque él en su imaginación la tiene guardada como la desea y para él en su imaginación vale tanto como cualquier dama noble.

Aquí Sancho muestra también su escepticismo a aceptar la bacía de barbero como el yelmo de Mambrino y don Quijote mostrará su idea del perspectivismo, diciendo que lo que a unos les parece una cosa a otros les parecerá otra.

En este episodio, Sancho adapta también algunos nombres a su lenguaje vulgar convirtiendo a Madásima en Magimasa y Elisabat en aquel abad de la misma manera que anteriormente había convertido a Esopo en Guisopete. Esto muestra el contraste lingüístico que existe entre el habla de Sancho que además estará, como ya hemos mencionado anteriormente, llena de refranes y expresiones vulgares con el de don Quijote y su utilización de palabras caballerescas que en muchas ocasiones son arcaicas.

Además, don Quijote revela su intención de convertir su vida en arte. Quiere imitar a Amadís que es un producto de lo artístico. Don Quijote quiere convertir su conducta en la imitación de una obra de arte y diserta sobre esto delante del pobre Sancho que está muerto de hambre, cansancio y miedo y con ganas de volver a su casa. La escena resulta cómica por el contraste que se produce entre los dos personajes.

Don Quijote va a realizar esta penitencia por voluntad propia y por coherencia con la vida que ha decidido seguir pero sin ninguna coherencia con el hilo argumental de la historia. No hay en este caso una relación de causa y efecto. Realmente no llegamos a saber el motivo por el que don Quijote decide hacer la penitencia, más allá de la voluntad del personaje y enmarcada en un contexto que en muchas ocasiones resulta un sin sentido para Sancho y una coherencia con su vida de caballero para don Quijote.

En el capítulo encontramos también una parte del texto escrita entre corchetes y en letra cursiva. Es la narración del robo del rucio de Sancho. El texto está también escrito por Cervantes pero se sabe que lo intercaló el impresor en la segunda edición de 1605 en el capítulo XXIII. En la edición de Hartzenbusch del XIX intercaló el texto en el capítulo XXV, corrigiendo así algunas incoherencias temporales. 

De lo que no se tiene constancia es de si Cervantes contemplaba la posibilidad de incluir este texto en la obra o no. Cervantes realizó múltiples cambios en la obra, cambiando algunos episodios de sitio, lo que podía producir alguna incoherencia. Por lo tanto, el mencionado texto se incluyo en este capítulo, simplemente por no crear problemas en la coherencia textual.



Capítulo vigésimo sexto

El capítulo comienza con don Quijote reflexionando sobre el caballero al que le gustaría emular. Roldán o Amadís. El caballero parece tenderse hacia Amadís.

“...y allí torno a pensar lo que otras muchas veces había pensado, sin haberse jamás resuelto en ello y era que cuál sería mejor y le estaría más a cuento: imitar a Roldán en las locuras desaforadas que hizo, o Amadís en las malencónicas...”

Después de esto se dispone a rezar pero no tenía rosario. Aquí se produce una hipérbole y una ironía sarcástica de las que esta llena la obra. El caballero se dispone a rezar y debe rezar un millón de avemarías y en esta ocasión lo hace tomando una tira de las faldas de la camisa, que no sabemos en que estado estaría y haciendo 12 nudos para componer un rosario improvisado. 

“Mas ya sé que lo más que él hizo fue rezar y encomendarse a Dios; pero, ¿qué haré de rosario, que no le tengo? En esto le vino al pensamiento cómo le haría, y fue que rasgó una gran tira de las faldas de la camisa, que andaban colgando, y diole once ñudos , el uno más gordo que los demás , y esto le sirvió de rosario el tiempo que allí estuvo, donde rezó un millón de avemarías.”

En el capítulo se intercalan tres pares de quintillas. La primera parece tener cierta seriedad pero en la segunda va tomando un tono cómico.

Aquí se producen dos historias que Cervantes nos las quiere presentar en un tiempo simultáneo. Don Quijote se queda en Sierra Morena haciendo su penitencia mientras Sancho emprende su viaje.

“ y será bien dejalle envuelto entre sus suspiros y versos por contar lo que le avino a Sancho panza en su mandadería.”

En el viaje de Sancho continúan las hipérboles humorísticas cuando Sancho se arranca las barbas y cuando compara a los pollinos con castillos.

“Cuando Sancho vio que no hallaba el libro, fuésele parando mortal el rostro; y tornándose a tentar todo el cuerpo muy apriesa, tornó a echar de ver que no le hallaba, y, sin más ni más, se echó entrambos puños a las barbas, y se arrancó la mitad dellas, y luego, apriesa y sin cesar, se dio media docena de puñadas en el rostro y en las narices, que se las bañó todas en sangre. Visto lo cual por el cura y el barbero, le dijeron que qué le había sucedido, que tan mal se paraba.”

En este capítulo se produce el encuentro de Sancho con el barbero y el cura que habían conocido en la venta en la que Sancho había sido manteado.

La comicidad continúa cuando Sancho comienza a recordar la carta de don Quijote a Dulcinea. Lo que recuerda Sancho, no la carta de don Quijote, está lleno de distorsiones idiomáticas y expresiones rústicas. Creando un episodio de gran comicidad.

“Alta y sobajada (sobada, manoseada) señora.
–No diría –dijo el barbero– sobajada, sino sobrehumana o soberana señora”

“Luego, si mal no me acuerdo, proseguía..., si mal no me acuerdo: “El llego y falto de sueó, y el ferido besa a vuestr merced las anos, ingrata y muy desconocida hermosa”, y no sé qué decía de salud y de enfermedad que le enviaba, y por aquí iba escurriendo, hasta que acababa en “Vuestro hasta la muerte, el Caballero de la Triste Figura”.”

Según dice Salinas, Sancho es un mensajero absurdo, un mensajero que no lleva nada , un sin mensaje. Y en el torpe recuerdo de Sancho, la carta es el esperpento de la de don Quijote.

En este episodio, Sancho sufre en importante proceso de quijotización que se utiliza como recurso de comicidad así como expresiones como arzobispo andante o sin ínsulos ni ínsulas. 

“Dijo también cómo su señor, en trayendo que le trujese buen despacho de la señora Dulcinea del Toboso, se había se poner en camino a procurar cómo ser emperador, o, por lo menos, monarca, que así lo tenían concertado entre los dos; y era cosa muy fácil venir a serlo, según era el valor de su persona y la fuerza de su brazo; y que en siéndolo, le había de casar a él, porque ya sería viudo, que no podía ser menos, y le había de dar por mujer a una doncella de la emperatriz, heredera de un rico y grande estado de tierra firme, sin ínsulos ni ínsulas, que ya no las quería.” 

“Decía esto Sancho con tanto reposo, limpiándose de cuando en cuando las narices, y con tan poco juicio, que los dos se admiraron de nuevo, considerando cuán vehemente había sido la locura de don Quijote, pues había llevado tras sí el juicio de aquel pobre hombre”

El plan del cura y el barbero para sacar a don Quijote de Sierra Morena está lleno de arcaísmos lo que significa que la historia se encuadra en la misma que la de don Quijote, es su mundo y es el mundo en el que se meten los que quieren sacarle de su lugar de penitencia.

“...y que así irían adonde don Quijote estaba, fingiendo ser ella una doncella afligida y menesterosa, y le pediría un don, el cual él no podría dejársele otorgar, como valeroso caballero andante, Y que el don que le pensaba pedir era que se viniese con ella donde ella le llevase, a desfacelle un agravio que un mal caballero le tenía fecho...”



Capítulo vigésimo séptimo


En este capítulo Sancho encuentra al cura y al barbero en las inmediaciones de la venta de Juan Palomeque, donde él había sido manteado. Esta venta será un espacio fundamental en la narración.  En ella estuvieron don Quijote y Sancho, al lado de la misma pasará Sancho de camino al Toboso donde se encontrará con el cura y el barbero y más adelante veremos como vuelven a pasar con don Quijote en su regreso y más adelante pasarán de nuevo.

La venta tiene en la primera parte del Quijote la misma función que realizará el castillo de los duques en la segunda parte.

 El cura y el barbero acompañarán a Sancho y entrarán en Sierra Morena en la zona indicada por este, con el fin de encontrar a don Quijote y poner en marcha la simulación que habían preparado para sacarle de aquella situación. Esta simulación preparada por el cura y el barbero irá cambiando sobre la marcha. El primer cambio será el de los papeles a seguir, haciendo referencia el cura, de forma irónica,  a la dignidad de su cargo eclesiástico.

De la misma forma que en la aventura de los batanes se le daba a la historia un halo de misterio, aquí sucede lo mismo cuando comienza a oírse la voz cantando de Cardenio, que en un principio no se sabe de quien es. 

Pero cuando acceden a la zona de Sierra Morena indicada por Sancho, lo primero que encuentran es a Cardenio que termina de contar su historia de la que Sancho ya les había hablado. 

Cardenio narra como a consecuencia de la indecisión de los dos enamorados la historia termina en desgracia, ya que su enamorada termina casándose con don Fernando, amigo de Cardenio que con la excusa de ayudarle le había traicionado. 

Aquí Cervantes critica a las personas indecisas. Alude en este momento a la base de toda la historia. Don Quijote fue decidido y cambio una vida que no le gustaba por otra que le apasionaba. Cardenio, sin embargo, no consiguió casarse con su enamorada a causa de su indecisión.

Cuando Cardenio habla de la traición que sufre por parte de su amigo don Fernando nombra una lista de traidores de la historia.

habla de Mario que fue un cónsul romano; Catilina, fue un conocido conspirador político en Roma, contra el que Cicerón dirigió sus Catilinarias; Sila, cónsul romano que se vengó cuando Mario asesinó a sus amigos; Galalón, uno de los doce Pares de Francia y legendario traidor en Ronces Valles; Vellido Dolfos, caballero de Zamora que mató a traición al rey Sancho III de Castilla; el conde don Julián, gobernador de Ceuta, que según la leyenda, ayudó a los moros a entrar en la Península Ibérica y Judas Iscariote, que traicionó a Cristo. 
En este capítulo se habla también del matrimonio disoluble ya que Luscinda se había casado con don Fernando contra su voluntad y esto lo afirma el papel que ella había escrito y donde declaraba haber elegido como esposo a Cardenio. El contenido de este papel se conocerá en el capítulo siguiente. 

Al final de este capítulo, concluye la narración de Cardenio, que había quedado interrumpida en al capítulo veinticuatro. Aunque esta se irá complementando en capítulos posteriores.

Cuando concluye el capítulo se utiliza el mismo recurso de la voz que cuando el cura y el barbero encuentran a Cardenio. Se escuchan unos lamentos que dejan la historia en suspenso y le vuelven a dar un halo misterioso que en el siguiente capítulo quedará resuelto.

Asimismo, se volverá a citar al historiador Cide Hamete Benengeli.

“Aquí dio fin Cardenio a su larga plática y tan desdichada como amorosa historia; y al tiempo que el cura se precenía para decirle algunas razones de consuelo le suspendió una voz que llegó a sus oídos, que en lastimados acentos oyeron que decía lo que se dirá en la cuarta parte desta narración, que en este punto dio fin a la tercera el sabio y atentado (prudente) historiador Cide Hamete Benengeli.”












Capítulos del veinte al veintitrés

Capítulo vigésimo

En este capítulo, Sancho toma confianza con su señor e incluso se atreve a engañarle y a burlarse de él.

Primero ata las patas del caballo para que don Quijote no se pueda aventurar a entrar en conflicto con aquello que produce un ruido infernal pero que no saben lo que es. Además le engaña sirviéndose de la tendencia de don Quijote a creer en encantamientos y magias.

Durante la noche y a la espera de que amanezca Sancho cuenta un cuento a su señor que no satisface a este. Don Quijote le alabará el ingenio pero de forma irónica: 

“–Dígote de verdad –respondió don Quijote – que tu has contado una de las más nuevas consejas, cuento o historia, que nadie pudo pensar en el mundo, y que tal modo de contarla ni dejarla, jamás se podrá ver ni habrá visto en toda la vida, aunque no esperaba yo otra cosa de tu buen discurso; mas no me maravillo, pues quizá estos golpes que no cesan, te deben de tener turbado el entendimiento

El elogio es irónico porque este cuento era muy conocido en la tradición oral de la época y se podía encontrar en distintas colecciones de cuentos literarios.

Otro elemento de la narración que demuestra el acercamiento entre Quijote y Sancho es que este último se atreve a defecar en presencia de su señor aunque,  si bien es verdad, intentaba disimularlo: 

En esto parece ser, o que el frío de la mañana, que ya venía, o que Sancho hubiese cenado algunas cosas lenitivas, o que fuese cosa natural –que es lo que más se debe creer–, a él le vino en voluntad y deseo de hacer lo que otro no pudiera hacer por él; mas era tanto el miedo que había entrado en su corazón, que no osaba apartarse un negro de uña de su amo. Pues pensar de no hacer lo que tenía gana, tampoco era posible; y así, lo que hizo...

En este fragmento del texto queda patente de forma clara el carácter más prosaico del escudero frente a los ideales caballerescos de don Quijote.

La manera de tratar la situación por parte de Cervantes es la de la perífrasis y la atenuación:

 “Huele y no a ámbar

Finalmente, tenemos constancia de la cercanía de Sancho a don Quijote en el momento en el que descubren el origen del terrorífico ruido. Sancho se burla de don Quijote y de la aventura y gloria que este deseaba obtener de la situación, al ver que el ruido estaba producido por unos batanes, es decir, unos palos de madera que estaban en una rueda movida por una corriente de agua para golpear paños y hacerlos más dúctiles: 

“Miró también don Quijote a Sancho, y viole que tenía los carrillos hinchados, y la boca llena de risa, con evidentes señales de querer reventar con ella, y no pudo su melancolía tanto con él, que a la vista de Sancho pudiese dejar de reírse; y como vio Sancho que su amo había comenzado, soltó la presa de manera que tuvo necesidad de apretarse las ijadas con los puños, por no reventar riendo.”

Sancho se burla de don Quijote. Cuando se descubre el origen del temible ruido este se propasa con sus palabras jocosas y declama burlonamente las mismas palabras que don Quijote había expresado el día anterior cuando estuvo a punto de lanzarse a la aventura. Don Quijote descarga su ira con violencia y Sancho finalmente acata la autoridad. A partir de este momento el escudero irá aprendiendo a actuar según su voluntad siempre bajo cuerda. Sancho tendrá el poder de la ironía, desencadenándose así una lucha de ironías que tendrá consecuencias importantes al final de la obra.

Esta aventura podríamos decir que es una “no aventura”. En ella Cervantes nos ofrece grandes expectativas. La aventura comienza con un gran suspense. El ruido es terrorífico, infernal. Gracias, a la habilidad de Sancho esperarán hasta el amanecer y a la luz del día descubrirán que realmente no había nada de lo que asustarse. 

Todas las situaciones aquí planteadas muestran con claridad el cambio de actitud en la relación entre escudero y caballero. El primer engaño que realiza Sancho abre la puerta o otros engaños que sucederán en la obra con posterioridad. Esto surgirá por la necesidad de Sancho de no quedarse sólo, en una situación que a él se le representa como pavorosa. El miedo le conduce a atreverse a engañar a su señor. Sancho encuentra la clave para conseguir convencer a don Quijote de cualquier cosa, le habla con su mismo lenguaje y de esta manera consigue lo que quiere. Asimismo, vemos que Sancho asciende de importancia en la obra, ya no es un mero escudero que se asombra de todas las situaciones y se deja dirigir por su señor. 



Capítulo vigésimo primero

Aquí aparece de nuevo el yelmo de Mambrino como elemento principal de la aventura que se desarrolla.

Don Quijote en esta aventura se deja llevar de las apariencias una vez más. Al ver algo brillar decide que tiene que ser el yelmo de Mambrino y no da oportunidad a la duda. todo lo arregla en su imaginación para que así sea: 

“De allí a poco, descubrió don Quijote un hombre a caballo, que traía en la cabeza una cosa que relumbraba como si fuera de otro, y aun él apenas le hubo visto, cuando se volvió a Sancho y le dijo: Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia madre de las ciencias todas, especialmente aquel que dice: Donde una puerta se cierra, otra se abre... “ 

“Digo esto, porque, si no me engaño, hacia nosotros viene uno que trae en su cabeza puesto el yelmo de Mambrino, sobre que yo hice el juramente que sabes.” 

“–respondió Sancho–; mas a fe que si yo pudiera hablar tanto como solía, que quizá diera tales razones que vuestra merced viera que se engañaba en lo que dice. 
-¿Cómo me puedo engañar en lo que digo traidor escrupuloso? –dijo don Quijote–. Dime, ¿No ves aquel caballero que hacia nosotros viene, sobre un caballo rucio rodado, que trae puesto en la cabeza un yelmo de oro? 
–Lo que yo veo y columbro –respondió Sancho– no es sino un hombre sobre un asno, pardo como el mío, que trae sobre la cabeza una cosa que relumbra.
–Pues ése es el yelmo de Mambrino –dijo don Quijote–”

Don Quijote consigue en esta aventura obtener el yelmo de Mambrino. Esto es una aventura caballeresca de gran alcance. Este “trofeo” de la aventura caballeresca tendrá una importante repercusión hasta muchos capítulos después, hasta el momento en que Sancho hace una de sus adaptaciones lingüísticas y le cambia de nombre llamándolo yelmo de Malino.

El yelmo de Mambrino, ya había sido presentado anteriormente en la obra, donde se contaba lo que le había costado a Sacripante conseguirlo. 

Como en otras ocasiones don Quijote adapta la realidad a su fantasía a pesar de las evidencias: 

“–¿Sabes qué imagino, Sancho? Que esta famosa pieza deste encantado yelmo, por algún extraño accidente debió de venir a manos de quien no supo conocer ni estimar su valor, y, sin saber lo que hacía, viéndola de oro purísimo, debió de fundir la otra mitad para aprovecharse del precio y de la otra mitad hizo ésta, que parece bacía de barbero, como tú dices.”

Así que, esta victoria compensa a don Quijote de todas sus desventuras anteriores. Incluso, Sancho, aunque de forma irónica, lo quiere presentar de esta manera diciendo: 

“–De qué ríes, Sancho? –dijo don Quijote. –Ríome  –respondió él– de considerar la gran cabeza que tenía el pagano dueño deste almete, que no semeja sino una bacía de barbero pintiparada.”

El yelmo de Mambrino pertenece a la literatura de Orlando, donde se cuenta la historia de este yelmo. Por este motivo resulta disparatado la identificación de don Quijote de una bacía de barbero con el importante yelmo.

Sin embargo, Sancho al recoger la bacía del suelo comenta: 

“Por Dios que la bacía es buena, y que vale un real de a ocho como un maravedí”. “Cuando Sancho oyó llamar a la bacía celada, no pudo tener la risa; mas vínosele a las mientes la cólera de su amo, y calló en a mitad della.”

Esta victoria le da al capítulo un aire victorioso. Desde este momento, ya no habrá más aventura en él. El desarrollo del capítulo a partir del momento de la obtención del yelmo será un diálogo entre caballero y escudero.

Sancho hará mención al ilustre historiador que pondrá por escrito las victorias de don Quijote.

Don Quijote contará una historia en la que a consecuencia de su valía como caballero se le terminará recompensado con la mano de una infanta y contará también las recompensas que conseguirá Sancho, concretándose en la ínsula Barataria.

En esta historia imaginaria, don Quijote narra una serie de situaciones muy frecuentes en los libros de caballerías. Esta narración está llena de arcaísmos y nombres cómicos.

La historia comienza con los verbos en tiempo futuro como si fuera algo que va a pasar. Más adelante, encontramos los verbos en presente y terminará  la narración con los verbos en pretérito como si fuera algo ya realizado. Este recurso del cambio de tiempo verbal imprime velocidad, brevedad y sensación de inmediatez. Asimismo, utiliza el asíndeton con la misma finalidad.

Al final, don Quijote habla del linaje. El está preocupado por el suyo  y dice a Sancho: 

“Porque te hago saber, Sancho que hay dos maneras de linajes en el mundo: unos que traen y derriban su descendencia de príncipes y monarcas, a quien poco a poco el tiempo ha deshecho y han acabado en punta, como pirámide puesta al revés; otros tuvieron principio de gente baja, y van subiendo de grado en grado, hasta llegar a ser grandes señores. De manera que está la diferencia en que unos fueron, que ya no son y otros son que ya no fueron; y podría ser yo déstos, que después famoso, con lo cual se debía de contentar el rey mi suegro...”

En la última parte hablan don Quijote y Sancho de títulos y Grandes de España también con cierta ironía:

”Los años pasados estuve un mes en la corte, y allí vi que, paseándose un señor muy pequeño, que decían que era muy grande, un hombre le seguía a caballo a todas las vueltas de daba, que no parecía sino que era su rabo. Pregunté que cómo aquel hombre no se juntaba con el otro, sino que siempre andaba tras dél. Respondiéronme que era su caballerizo, y que era uso de grandes llevar tras sí a los tales.”



Capítulo vigésimo segundo

El capítulo vigésimo segundo, comienza con un comentario humorístico, cuando llama autor arábigo y manchego a Cide Hamete Benengeli. Asimismo,  Cervantes consigue un tono jocoso cuando habla de una historia gravísima, altisonante, mínima, dulce e imaginada. Contrapone lo ligero y lo importante, lo humilde y lo presuntuoso.

A continuación, se narra el encuentro de don Quijote y Sancho con los galeotes. Don Quijote está siempre dispuesto a salvar a los débiles y a los oprimidos y por supuesto a arreglar las injusticias. 

En esta aventura, es advertido por Sancho, ya que don Quijote al ver a los encadenados quiere una explicación de aquella situación y Sancho le dice:

 “–Ésta es cadena de galeotes, gente forzada del rey, que va a las galeras.” “–No digo eso –respondió Sancho–, sino que es gente que por sus delitos va condenada a servir al rey en las galeras, de por fuerza.”

Pero don Quijote se empeña y contesta a Sancho: 

“–En resolución –replicó don Quijote–, como quiera que ello sea, esta gente, aunque los llevan an de por fuerza, y no de su voluntad”

Así que, don Quijote exige una explicación por parte de los guardas. Estos le dicen al caballero que los propios galeotes le explicarán sus delitos. A través de estas explicaciones se expondrá la situación social de la época.

En este fragmento, se contraponen la justicia del rey que condena por sus delitos a esos jóvenes a servir en galeras con la justicia social y la misión de caballero que debe cumplir don Quijote. En el interrogatorio se establece una confusión lingüística ya que los galeotes se expresan en un registro y don Quijote lo interpreta en otro, lo que agrava su indignación, dejando clara su postura de oposición contra el maltrato hacia los humanos.

Cada uno le da su versión del delito que ha cometido, que el interpreta de tal manera que no consigue entender la situación. El momento más confuso para llega cuando interroga a un hombre de buen aspecto que dice llamarse Ginés de Pasamonte. Este hombre había sido condenado por estar “escribiendo su vida”. 

Don Quijote se siente, ante aquellos hombres, en la obligación de salir en su defensa pero en primera instancia quiere hacer las cosas de buena manera convenciendo a los guardas:

 “De todo cuanto me habéis dicho, hermanos carísimos, he sacado en limpio que, aunque os han castigado por vuestras culpas, las penas que vais a padecer no os dan mucho gusto, y que vais a ellas muy de mala gana y muy contra vuestra voluntad...” 

“Todo lo cual se me representa a mí ahora en la memoria, de manera que me está diciendo, persuadiendo y aun forzando, que muestre con vosotros el efecto para que el cielo me arrojó al mundo, y me hizo profesar en él la orden de caballería que profeso, y el voto que en ella hice de favorecer a los menesterosos y opresos de los mayores.”

 “porque me parece duro caso hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres...” “ Pido esto con esta mansedumbre y sosiego, porque tenga, si lo cumplís, algo que agradeceros; y cuando de grado no lo hagáis, esta lanza y esta espada, con el valor de mi brazo, harán que lo hagáis por fuerza.”

El criminal escritor de su autobiografía tiene el mismo apellido que Gerónimo de Pasamonte. Este era un aragonés que fue soldado en Italia en el mismo tercio donde sirvió Miguel de Cervantes. Además, luchó en Lepanto y tuvo experiencias similares a las de Cervantes, ya que Pasamonte terminó también preso de los turcos en Argel y escribió su autobiografía Vida y trabajos de Jerónimo de Pasamonte. 

Algunos estudiosos (Riquer) han identificado este personaje con Alonso Fernández de Avellaneda, defendiendo que este Jerónimo de Pasamonte fue realmente Alonso Fernández de Avellaneda, autor del Quijote apócrifo.

Esta aventura contrasta con la del capítulo anterior. En esta se intenta hacer una descripción de la realidad social de la época por medio de las historias que cuentan los galeotes a don Quijote, frente a la fantasía caballeresca del capítulo anterior. 

Podemos considerar este episodio como un cuadro satírico. Cervantes aquí habla de la justicia, de la picaresca y de la corrupción. El diálogo es ingenioso y esta lleno de equívocos.

Serrano Plaja explica que don Quijote impulsado por la “virtud entusiasta” al contemplar las cadenas y grilletes de los condenados, cree que “eso sólo es justicia, y, por lo tanto, injusto”(son ideas que Dostoievski recreará siglos después en sus novelas. Esta es la justificación de que el caballero se tome la justicia por su mano al margen de la ley.

Finalmente, don Quijote, en este capítulo libera a los galeotes haciendo alarde de los fines de la caballería medieval: luchar por la justicia y ayudar a los débiles y oprimidos. Aunque aquí, realmente, don Quijote tergiversa la situación y se extralimita en su función de justiciero llevado por su ofuscación mental.

Con esta aventura termina la serie de aventuras anteriores a la entrada de Sierra Morena.




Capítulo vigésimo tercero

Terminadas las aventuras anteriores don Quijote y Sancho entran en Sierra Morena. 

En este episodio comienza la aventura de Cardenio, que está incluida en las aventuras de don Quijote en Sierra Morena. Esta terminará cuando don Quijote y sus acompañantes regresen a la venta de Palomeque el Zurdo.

La aventura en Sierra Morena comienza cuando don Quijote y Sancho deciden retirarse para no ser capturados por la Santa Hermandad, después de haber liberado a los galeotes condenados por el rey.

Por consejo de Sancho, pero de acuerdo caballero y escudero decidirán retirarse a este agreste sitio, donde no les podrán encontrar.

A don Quijote le gusta la idea de adentrarse en esta Sierra, ya que le parece el lugar adecuado para que le sucedan emocionantes aventuras.

La primera aventura comienza con el hallazgo de una maleta de la que obtendrán algo de ropa para ponerse y también algún dinero que don Quijote permite que se lo quede Sancho. Asimismo, aparecerá un librito de memorias, donde están escritos poemas y cartas amorosas de algún enamorado.

Al poco tiempo, encontrarán en su camino un extraño hombre que casi desnudo y con el pelo largo y revuelto saltaba sobre unas rocas. Don Quijote piensa que la maleta debía de pertenecer a aquel sujeto. Como así será.

También encontrarán a la mula de Cardenio, muerta y destrozada por los animales carroñeros. 

En ese momento, ven a un cabrero que se acerca hacia ellos y les cuenta algunas cosas que sabía sobre aquella situación. Eran un joven de buen aspecto que llegó allí hace medio año para cumplir una penitencia. Con el pasar del tiempo, el joven se fue degradando y entrando en un estado de locura amorosa. 

En algunas ocasiones, Cardenio actuaba de forma razonable pero en otras se volvía agresivo. El joven solía mencionar a un tal Fernando que seguramente debía ser su oponente amoroso.

El capítulo termina con el encuentro y abrazo de don Quijote y Cardenio, los dos están presos de una locura amorosa. Los dos se observan y se contemplan con admiración. El caballero de la Triste Figura y el Roto de la Mala Figura.


En este capítulo, como en otras muchas ocasiones, se hacen recapitulaciones de hechos pasados o episodios futuros con el fin de fortalecer la unidad de la novela. En este caso se hace referencia a Marcela y Grisóstomo